Una pareja que residía en el aparthotel Coprínceps de Sant Julià se embriagó. Según explicó la mujer, “habían consumido alcohol en exceso, llegando a tomar unas doce cervezas y un par de cubatas”. Borrachos, comenzaron una discusión y el hombre la agarró por los brazos y el cabello y le propinó tres o cuatro bofetadas, dejándole marcas en la cara y la cabeza.
Tras la agresión, el hombre se puso un cuchillo en el cuello, se hizo un corte y le dijo a la mujer: “¿Quieres que me suicide?”. Actualmente, ambos continúan siendo pareja y residen en la Seu d’Urgell.
El agresor solicitó a través de su abogado, dado que no compareció en el juicio y fue juzgado en rebeldía, que se tuviera en cuenta que actuó bajo los efectos del alcohol. Solo reconoce haber dado una bofetada en la cara de la mujer mientras la sujetaba por el cabello, y no tres o cuatro como ella sostiene. El letrado argumentó que se trató de “un hecho puntual que no se ha vuelto a repetir, manteniendo en la actualidad una buena relación de pareja”.
La mujer modifica su versión
Durante la vista oral, la mujer rebajó sus declaraciones iniciales, “dando explicaciones totalmente justificativas y exculpatorias de su compañero, con quien parece que ahora mantiene una relación totalmente satisfactoria”. No obstante, continuó afirmando que las bofetadas en la cara que él le propinó fueron tres o cuatro, frente a sus manifestaciones anteriores, en las que mencionó cuatro o cinco, pero en ningún caso una, como sostiene la defensa.
El Tribunal subrayó que el agresor “no ha comparecido en el acto de la vista oral para dar explicaciones, colocándose voluntariamente en situación de rebeldía procesal, a pesar de compartir domicilio con la perjudicada –quien sí ha comparecido– y no tener actualmente ocupación laboral”.
El hombre ha sido condenado a seis meses de prisión provisional.